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Tranvías

Los primeros carros impulsados por caballos, conocidos como tranvías “de sangre” corrieron por primera vez entre la Estación Central y San Diego en el año 1857. En 1883, se creó el Ferrocarril de Sangre de Santiago a Ñuñoa y en 1890 ya había 200 carros de este tipo, los que recorrían la mayor parte de la ciudad.
 
 

En 1900, con mucha expectación, corrió el primer tranvía eléctrico a cargo de la Chilean Electric Company por un tramo acotado del centro de Santiago. En 1903 había 275 carros eléctricos que, en 1905 se habían incrementado a 365. Ellos modificaron tanto la configuración de la ciudad, como el modo de transportarse de los habitantes de Santiago y sus formas de sociabilidad. En 1910 había en Santiago un total de 280 carros en servicio que corrían por veintiséis líneas y en 1918 eran 48 los recorridos que arribaban a la Estación Central, Recoleta, Providencia, Quinta Normal y Ñuñoa.

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Desde 1902 el trayecto del tranvía eléctrico de Ñuñoa se iniciaba en la garita Diez de Julio, continuaba por Avenida Irarrázaval, hasta llegar a Avenida Ossa y Tobalaba. 

La llegada de los trolleys en 1947 y la proliferación de automóviles privados, precipitaron el desuso y posterior cierre de los tranvías eléctricos que circularon en Santiago por última vez en 1957. 

En la actualidad es posible observar retazos de las líneas de tranvías en calles como Brown Norte a la altura del 500, huella que rememora cómo se desplegaba la vida de los antiguos ñuñoínos.