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Animita Romualdito

La devoción por la animita de Romualdito surgió en los años 1930 en la calle San Borja. El estudioso del folclore Oreste Plath, señaló que Romualdo Ibañez habría sido un hombre enfermo, que, saliendo del hospital fue asaltado y asesinado.
 
 

Las distintas versiones, indicaban que era un huaso, un niño o un ladrón ultimado en el lugar de la gruta. La interrogante fue saldada gracias a la investigación de la Policía de Investigaciones encabezada por Gilberto Loch, la que estableció que el verdadero nombre de Romualdito era Romualdo Ivani Sambelli, mecánico de 42 años, apuñalado en 1932, cuando se dirigía a su casa en calle Lisperguer.

En la actualidad, la animita se ubica delante de una inmensa pared que ha sido ennegrecida por el humo de las velas, las que se mantienen permanentemente encendidas. Ellas se alternan con cientos de placas inscritas con mensajes de gratitud por los favores concedidos.

 
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Esta animita se constituye como el lugar de devoción popular más relevante de la capital. Ella se ha mantenido intacta, a pesar de los intentos modernizadores, del constante trajín del barrio y de los distintos deseos de desmantelarla. Se dice que es el milagroso Romualdito quien custodia que hasta hoy, no haya sido demolida.